movimiento vino D.O.

11 Dic 17

Cuando el vino D.O. se abre paso

Cielo azul, clima subtropical con poca precipitación, belleza de aire lunar, paisaje volcánico y todo ello mezclado de manera magistral en un solo lugar. Una isla en el Atlántico entre Europa y África donde se conviven en armonía turistas, isleños, deportistas que buscan el mar y las olas y aficionados al buen vino. Hablamos, cómo no, de la espectacular isla de Lanzarote.

Pero en esta prodigiosa isla donde el mar azul y los volcanes acaparan gran parte del protagonismo, atrapa también nuestra atención una imagen enigmática que se repite a lo largo de valles y laderas: la forma en la que se cultiva la vid. Y es que en Lanzarote, podemos encontrar una superficie de cultivo de viñedo de 1.900 hectáreas, extendidos por los 7 municipios que componen la isla: San Bartolomé, Tías, Haría, Arrecife, Tinajo, Yaiza y Teguise. Y no se cultiva un vino cualquiera. Lanzarote obtuvo la calificación de Denominación de Origen en 1993.

Desde entonces tal vez no haya llovido mucho, al menos en la isla, pero se han producido de media más de un millón y medio de botellas cada año. No es de extrañar que nos resulte sorprendente que se puedan plantar vides en un lugar tan insólito. Un paraje que a primera vista parece muerto, pero que esconde una magia muy especial en su interior. Las plantaciones se encuentran en enarenado, bien en hoyos o en zanjas. La superficie de la mayor parte de los viñedos está cubierta de ceniza negra volcánica que impide el crecimiento de otra vegetación, pero que posee excelentes propiedades de retención del agua procedente del rocío. El objetivo de estos agujeros es conseguir llegar a la tierra vegetal y fértil que se esconde en su interior.


Por las características propias del cultivo es imposible utilizar maquinaria, por lo que todo el trabajo se realiza de forma manual. Además, la densidad de plantación es pequeña con lo que el rendimiento que se obtiene es bajo, pero de una gran calidad. Un trabajo minucioso y podríamos decir artesanal que da como resultado una de las postales más típicas de la isla, con permiso del Parque Natural de Timanfaya.

La malvasía es una de las uvas que reinan en los viñedos lanzaroteños y el resultado es un vino con Denominación de Origen con un sabor intenso y un aroma sensacional capaz de convencer, no solo a expertos y catadores de todo el mundo, sino (y lo que es más importante) a cualquiera que desee probar sus vinos.

Si aún no has visitado Lanzarote, no dudes en hacerlo por sus increíbles playas, sus maravillosos paisajes y su excelente vino D.O. No te arrepentirás.